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viernes, 11 de enero de 2013

Conectados (casi) siempre

El verano pasado una colega de la universidad me preguntó acerca de los pinchos USB para poder conectar su netbook durante las vacaciones. Le dije que no le hacía falta, que su teléfono inteligente (smartphone), un pequeño Galaxy, podía cumplir las funciones del modem USB por el que me interrogaba. Tardé cinco minutos en configurar y conectar su netbook a la red por medio del teléfono (la mayor parte del tiempo lo empleamos en arrancar el netbook).

Esta funcionalidad se llama tethering y hasta no hace mucho solo podía hacerse con los teléfonos de gama alta.


Configurar y activar el móvil


Para facilitar las instrucciones incluyo dos vídeos: uno para los iPhone y otro para los teléfonos Androide (espero que no desaparezcan).

En los iPhone (desde el iPhone 4 e iOS 4.3 o superior)



En los Androide (desde la versión 2.2) es un poco más complicado, aunque no mucho (¡ojo! cada fabricante de teléfonos puede usar palabras ligeramente diferentes a las que aparecen en el vídeo).


Enlazar el ordenador

Una vez que el teléfono está activado como punto de acceso a internet (quizá te suene el término Hotspot) se puede conectar a él cualquier dispositivo Wi-Fi. Si ya te has conectado a alguna red Wi-Fi fuera de casa o de la facultad (en una cafetería, en un bus, en una biblioteca, en un hotel,…) seguro que ya sabes cómo hacerlo. El nombre de la red (SSID) será el del teléfono (iPhone de …; en los Androide no hay nombre fijo ni por defecto porque depende de cada fabricante, pero al activar la función podrás verlo). 

Por cierto, ¿sabes cómo conectarte a la red Wi-Fi de otra universidad española o europea sin tener que mendigar claves? Próximamente en esta página.

Penúltima hora: Los netbook desaparecen del mercado.

martes, 18 de diciembre de 2012

Ampliar el escritorio

Muchos hemos comprado un netbook porque estábamos cansados de arrastrar los casi cuatro kilos de los portátiles. También lo hicimos porque esos pequeños ordenadores tienen la potencia suficiente para la mayoría de nuestras necesidades informáticas (ofimática, internet, correo-e…) y, además, son mucho más baratos.

Las  pantallas de los netbook, de unas 10 pulgadas, son bastante cómodas para redactar, leer un PDF o consultar un sitio web. Sin embargo, cuando hay que pasar de un fichero a otro, del Word al Acrobat o al navegador o a cualquier otra aplicación, la labor se complica un poco.

Es cierto que en la parte de abajo de la pantalla tenemos unos botones que con un sencillo clic llevan de uno a otro programa (los usuarios más avanzados de Windows usarán las teclas ALT y TAB para pasar de una aplicación a otra). Pero a veces es necesario comparar lo que hemos escrito con los datos que ofrece un texto o analizar una imagen que está alojada en la red; entonces la cosa se complica. Podemos estrechar las ventanas, pero reducir el espacio de cada ventana en una pantalla pequeña es un auténtico lío.
Escritorio un poco abarrotado
Para remediarlo hay una solución sencilla: ampliar o extender el escritorio. Se consigue conectando un monitor externo (puede servirte la enorme TV del salón, si te lo permiten), como cuando se conecta un ordenador a un cañón de proyección.


Manos a la obra

Propiedades de Pantalla en Windows
La primera vez que se quiera ampliar o extender el escritorio hay que indicarle a Windows que queremos usar el monitor externo como una extensión, no como un duplicado. Para hacerlo hay que situar el cursor en un lugar de la pantalla del portátil, pero no sobre un icono. Se pulsa el botón derecho del ratón y se pulsa en la última línea, Propiedades.

Aparecerá la ventana Propiedades de Pantalla. Se pulsa en la pestaña Configuración y se pulsa con el ratón sobre el cuadrado marcado con el 2.

Lo siguiente es seleccionar la Resolución de la pantalla externa. Si mueves el botón deslizante, verás cómo aumenta y disminuye el tamaño de los rectángulos 1 y 2. 1 es la pantalla del portátil y 2 la externa. La resolución que se ha de elegir para esta depende del tamaño del monitor (aquí no hay más remedio que el viejo método de prueba y error). Antes de pulsar Aplicar, hay que comprobar que la casilla Extender el escritorio de Windows a este monitor está marcada (). Se pulsa Aplicar y aparecerá una ventanita que da 15 segundos para confirmar el cambio. Si estás conforme, pulsas . Por último, haces clic en Aceptar. ¡Ya tienes configurado el superescritorio!


Si no tenías conectado el monitor y lo haces una vez encendido el portátil, lo más seguro es que la pantalla del monitor se mantenga en negro. Tan solo hay que indicarle al ordenador que queremos usar la pantalla externa.

La forma más sencilla es usando la tecla Fn (suele ser la segunda tecla de la izquierda de la fila de abajo, entre Ctrl y la del logotipo de Windows). Después hay que pulsar una de las teclas de la fila superior, una de las teclas F. Aquí no hay acuerdo entre los fabricantes y cada uno ha decidido usar una (Toshiba y Acer la F5, Compaq y HP F4, Lenovo F7, Asus F8), pero es fácil localizarla porque el símbolo con el que se indica suele ser la silueta de una pantalla de ordenador y una pantalla de proyección. Se mantiene pulsada Fn y se pulsa sucesivamente la tecla de función correspondiente hasta que aparezca en la pantalla LCD + CRT extended, o una imagen con un portátil en cuya pantalla hay un 1 y una pantalla externa marcada con un 2 (de nuevo cada fabricante ofrece una solución distinta, hay que averiguarlo, no queda más remedio). Esto habrá que hacerlo cada vez que conectemos el portátil al monitor externo para extender el escritorio.

La manera de desplazar algo desde la pantalla del portátil a la extensión (al monitor externo) es pincharlo con el ratón y moverlo hacia la derecha de la pantalla. Verás cómo sale del portátil y aparece en el monitor. Para volver al portátil, desliza el ratón hasta que salga por el lado izquierdo de la pantalla externa. La idea la puedes ver en la imagen que hay debajo; en ella verás que el navegador está a medio camino entre el portátil (izquierda) y el monitor exterior (gran rectángulo azul de la derecha con Micky Mouse).
Pantalla expandida de un netbook.
A la izquierda, el netbook; a la derecha, la ampliación
Por cierto, no estás limitado a que la ampliación del escritorio esté a la derecha; también puede situarse a la izquierda, en la parte superior o inferior de la pantalla de tu portátil. Todo depende de tus necesidades. Para reubicar la ampliación basta con que en la ventana Propiedades de Pantalla pinches uno de los dos rectángulos que representan las pantallas y lo sitúes como mejor te convenga. Dependiendo de dónde coloques el cuadro 2, deberás desplazar el ratón para ir a la ampliación y al contrario para regresar al portátil.
Pantalla expandida de un netbook.
A la izquierda, la ampliación; a la derecha el netbook
Si pierdes el cursor y no sabes dónde está, no te preocupes. Los ordenadores con Windows permiten localizarlo con tan solo pulsar la tecla de Ctrl. En el lugar donde se encuentre el cursor aparecerá un círculo que disminuye de tamaño hasta desaparecer sobre el puntero. Busca los círculos y encontrarás el cursor con facilidad. (Si no tienes activada esta función, pincha Inicio > Panel de Control > Mouse > Opciones de Puntero, marca la casilla Mostrar ubicación del puntero al presionar la tecla CTRL y pulsa sucesivamente Aplicar y Aceptar. Ya está activado. ¡Pruébalo!).

Al principio te parecerá extraño, pero cuando te acostumbres verás que es maravilloso contar con un escritorio enorme (gigantesco si te permiten usar ese enorme televisor de 32 o más pulgadas del salón), con espacio para tener varias aplicaciones abiertas y sin tener que preocuparte de pulsar en la barra inferior para traer al frente una u otra aplicación.
A la izquierda, el netbook con el procesador de textos.
A la derecha, la ampliación (monitor externo) con un PDF y el navegador en una página del CORDE

N.B. No se ofrecen explicaciones para los MacBook porque todo monitor externo se considera como una ampliación del escritorio.

martes, 20 de noviembre de 2012

Las TIC y los "de letras"

La gran mayoría de los de letras tenemos nuestros más y nuestros menos con la informática. Pensamos que nuestros estudios y modos de trabajo poco se pueden beneficiar de los recursos informáticos. Que eso es para los frikis de humanidades (digitales) y para los de ciencias.


Nada más lejos de la realidad. Los de arte y humanidades podemos aprovechar muchas cosas que tiene la informática y su gran desarrollo en la red. El problema es que en las facultades de los de letras no hay gran interés por la informática ni tampoco formación. Transigimos con el correo electrónico; vemos algunas ventajas en usar internet; no está mal Word, es una máquina de escribir bastante cómoda, aunque maldita sea cada vez que se traba y me hace perder el trabajo. Los más atrevidos manejan RefWorks (un gestor bibliográfico que se ha popularizado entre las bibliotecas universitarias españolas) y creen que es el rien ne va plus de la tecnología; otros no se han enterado, aún, de que el CD-ROM está dando sus última bocanadas (los netbooks y ahora los ordenadores de sobremesa ya no incorporan lectores de CD-DVD) y siguen recomendando bases de datos en CD (evidentemente bases de datos algo obsoletas ya) y no tardando mucho desaparecerán las memorias USB.

Los más jóvenes (por debajo de los 40) se han aventurado con los blogs (algunos magníficos y brillantes) y las redes sociales. Muchos se han hecho con un smartphone, pero lo utilizan como reproductor multimedia, centro de juegos, cámara fotográfica y para la mensajería instantánea (Whatsapp, Twitter) y tuitean o guasapean las ideas que oyen durante una conferencia, o lo que acaban de leer.

Lo que me propongo, con la ayuda de quien quiera colaborar, es crear un blog para ayudar a los de letras a sacar mejor partido de los ordenadores, las tabletas y los smartphones para sus trabajos académicos y de investigación y aprovechar al máximo las posibilidades de la red. Ahí fuera hay multitud de sitios e instrumentos que pueden facilitar la labor.